miércoles, 1 de abril de 2009

brainstorming

Los martes son como los lunes, pero con más cansancio. Que me siento ridícula esperando un “hola” de tu boca, boca a boca, ya sea lunes, martes o domingo. En realidad no me gusta ninguno de ellos, sólo espero llegar a la mitad, y después todo vendrá del tirón, para volver a empezar. “Estás en tol medio, como los jueves”. Siempre he querido ser jueves, y que mi trabajo fuera estar y no pensar en respirar siquiera. Aunque palmera en frente del mar tampoco está mal. Me gusta desvariar (los viernes me sale mucho mejor), porque este mundo necesita locos, fantasías, dementes... No tengo fe en la razón, la he perdido. Como la fe en la humanidad, hoy cuando el autobús me ha cerrado la puerta en la cara. Son cosas de los miércoles. Ni lunes ni martes, serían demasiado crueles. Y me meto las manos en los bolsillos, joder que frío hace a uno de abril. Día uno, otra vez, ni la primera ni la última. ¿Has felicitado al mes de abril? ¿Te has mirado al espejo esta mañana? Como si la vida no fuese suficientemente árida, ya de por sí... Y si me meto al facebook, sé que el mensaje en mi bandeja de entrada va a ser el de "feliz día de la sonrisa" para variar. Putos miércoles. Sonrisas tengo, que sean sinceras o no es otro asunto. No hablo de falsedad, hablo de no hundirme. Al final si no te sostienes tu solita, no va a haber nadie para motivarte. Y no pienso darle esa satisfacción al gran hijo de puta que me puso aquí.
Mañana es jueves-viernes y no quiero que sea sábado. Mafalda decía eso de "¡Parad el mundo que me quiero bajar!". Nunca le hablaron del campo gravitatorio. Demasiado para la hora que es. Las mentiras a veces son mejores que la verdad, sobre todo si edifican el mundo a tu medida. Ahí quiero un armario, para meter todos mis pensamientos y clasificarlos por colores. Los lunes siempre han sido rojos, mientras que el los martes me han parecido amarillos. El azul del sábado venía a refrescarme. Tus ojos un día lo tiñeron de ese color, y por mucho que lo lave, no se va. El espectro de la luz me cae mal, yo no quiero rojo, ni verde o violeta. Me gustan más los colores que inventaste para mí, aunque tenga que cerrar los ojos para tenerlos. Y una cama que deshacer, en ese rincón, llena de purpurina, todo va a brillar. La oscuridad también. Ahora saca la maleta, que voy a llenarla de ideas, para ir al aeropuerto con unas gafas de sol y botas de piel, quiero esconder lo que soy, quiero engañar al mundo. Mentir no está mal, lo que está mal es el uso que le des a la mentira. Me gusta mirar a la gente, y mirar sus ojos. ¿Alguna vez has leído en los ojos de la gente? Hay algunas miradas apagadas, que callan. Quien esquiva tu mirada, desconfía. Hay miradas incipientes que hablan bajito. Otras gritan porque necesitan desahogo. Antes me gustaba inventar las historias de personas que pasaban por delante del banco en el que nos solíamos sentar los domingos por la tarde, a comer pipas, bueno, y a comernos con los ojos. En realidad me sigue gustando, pero ya no nos sentamos allí, y ya no puedo contártelas a ti, y si tú no me escuchas ni le das el giro oportuno, invento vidas aburridas e historias pálidas, que no brillan, casi en blanco y negro. Además, hace tiempo que dejé de mirarte con las mismas ganas. Ya no me invade el hambre que solo tus besos podían saciar... A lo mejor es porque todo lo dejo a medias. Sabes que el photoshop y el diseño gráfico siempre me han gustado, pero que nunca he sabido manejarlo del todo. Algún día acabaré ese libro de la cabecera de mi cama, aprenderé html y terminaré la carrera que me gusta. Algún día, te lo prometo. Hasta entonces pasarán muchos lunes, martes, miércoles como el de hoy.
¿Qué te están contando mis ojos ahora?