esa chica rubia en ese portarretratos del salón, se ríe de mí. me mira, y se burla. se regodea, me señala con el dedo. me observa por encima del hombro, desde su perfecta inocencia, inmaculada pulcritud.
es insultante, en lo que se ha convertido esa chica rubia. es ofensivo, denigrante. pero no hay vuelta atrás...