sábado, 20 de noviembre de 2010
viernes, 19 de noviembre de 2010
No vuelvas a hablarme de coger un avión y aparecer en una habitación de hotel en cualquier ciudad de Europa, porque puedo volver a soñar con ello.
Encontrarme vestida con tu camisa de cuadros, que no se cómo me quedará en realidad, pero en mi cabeza me queda enorme, y andar por la habitación de puntillas, rozando la moqueta con los dedos de los pies a cada paso, ojos cerrados y pelo revuelto, con una mano contra la pared...
No querría volver. Querría construir nuestro mundo dentro de esa habitación de hotel, me da igual Londres que Berlin o Cracovia. Y todo esto me recuerda a Marcus Versus, a beber cerveza barata a morro de rodillas encima de una cama deshecha, derrochando risas.
si es que no es tan difícil hacerme felíz...
Encontrarme vestida con tu camisa de cuadros, que no se cómo me quedará en realidad, pero en mi cabeza me queda enorme, y andar por la habitación de puntillas, rozando la moqueta con los dedos de los pies a cada paso, ojos cerrados y pelo revuelto, con una mano contra la pared...
No querría volver. Querría construir nuestro mundo dentro de esa habitación de hotel, me da igual Londres que Berlin o Cracovia. Y todo esto me recuerda a Marcus Versus, a beber cerveza barata a morro de rodillas encima de una cama deshecha, derrochando risas.
si es que no es tan difícil hacerme felíz...
lunes, 15 de noviembre de 2010
Un relámpago apenas, de Blas de Otero.
Besas como si fueses a comerme.
Besas besos de mar, a dentelladas.
Las manos en mis sienes y abismadas
nuestras miradas. Yo, sin lucha, inerme,
me declaro vencido, si vencerme
es ver en ti mis manos maniatadas.
Besas besos de Dios. A bocanadas
bebes mi vida. Sorbes. Sin dolerme,
tiras de mi raíz, subes mi muerte
a flor de labio. Y luego, mimadora,
la brisas y la rozas con tu beso.
Oh Dios, oh Dios, oh Dios, si para verte
bastara un beso, un beso que se llora
después, porque, ¡oh, por qué!, no basta eso.
No, no quiero sosiego. Quiero rebosar ganas y vehemencia; ímpetu y furor.
domingo, 14 de noviembre de 2010
miércoles, 10 de noviembre de 2010
miércoles, 3 de noviembre de 2010
Lo que no queda.
Ya nada me ata a Soria. Se ha ido y no volverá. Ya no me queda una mano que sostener, ni puedo corresponder sus apretones. Sólo tres claveles arrancados de una corona funeraria. De tus hijas y nietos, decía. Si es que parece que era ayer cuando me sentaba en tus rodillas y me cantabas las sanjuaneras, me llevabas al castillo de la mano por las interminables escaleras y me dabas un caramelo de esos de los tuyos, de café; no puedo creer que ya no vaya a verte más, sentada en tu sillón con un cojín en los riñones...
Te echo mucho de menos abuela.
Te echo mucho de menos abuela.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)