sábado, 11 de diciembre de 2010

Temas más que digeridos, parece que tienen reflujo ácido.

Un año y medio después llega la disculpa. Y yo no sé qué posición adoptar frente a ella. Supongo que es demasiado tarde para sentirme de ninguna forma al respecto. Existe algún tipo de sentimiento, si se le puede llamar así, un pariente lejano y atenuado de la rabia, casi impasivo, al comprender, finalmente. Desentramar el nudo que fue el desenlace. Y es que tú lo bautizaste correctamente, una serie de catastróficos malentendidos. Al fin se cerró el círculo, se apagó la sed de la duda y se satisfizo el por qué. Queda una vana y también débil sensación de culpabilidad.
Y mierda... me desperté.

No hay comentarios:

Publicar un comentario