no creo en ti
nunca creí en mí
y mucho menos creo en nosotros dos. Pero así con todo, eh?
A veces me gustaría saber qué narices se pasa por tu cabeza, y puede que por eso creas que muestro interés. A ver, que tonta no soy, pero a veces me desconciertas.
Y ahora voy a coger mi vida de la mano y nos vamos a ir saltando hasta la cama, y si no se deja, la voy a agarrar de las orejas porque ya toca comerse una y contarse veinte. Que mañana hay que madrugar.
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