domingo, 22 de enero de 2012

Él se abalanzó ansioso bajo su camiseta, bajo su sujetador arrancando el envoltorio que Ella tan cuidadosamente había seleccionado. Media hora pensando en la ropa interior para nada.
Y Ella se lo dejó pasar.

Ella se esmeró en recorrer su cuerpo con las yemas de sus dedos lentamente. Mientras, él se peleaba con el botón de su pantalón. Del de Ella, claro.
Y Ella, resignada, se apartó para facilitarle el trabajo.

Ella buscó su mirada y verse reflejada. Él..., él no tenía ojos para, bueno, para casi nada. Él era testosterona y nervio.
Y Ella se lo perdonó.

Entonces él la cogió en brazos y la dejó encima de su cama. Y Ella quiso ver en esto un gesto.

-Me encantas... - tonta, tonta, tonta, y más tonta.
-Y tú a mí. - despego, indolencia, desgana.

Ella nunca se había creído capaz de ligárselo. Él era sólo una cara bonita, y Ella una superficial colgada, alimentando su ego.

Ella, la semana siguiente, esperando un mensaje, una llamada, un whatsapp, algo.
Y él...

De cómo hacer de un ritual algo anecdótico. De dos personas con dos ideas totalmente distintas sobre lo mismo. De una tonta engañada por sí misma.

y lo peor de todo, de un polvo sin orgasmo para Ella.

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