Doctor, doctor, me duele aquí... aquí, a la izquierda, mi corazón se desacompasa, se ha revelado contra el metrónomo; a veces parece que se me sale por la boca, otras se silencia y lo busco asustada cuando la palidez acude a mis mejillas.
Y cual fue mi sorpresa al oir el diagnóstico del señor doctor...
Padezco recorditis y síndrome de la soñadora despierta; sonrisas nostálgicas cosidas en mi boca son sus síntomas.
Se me ha encontrado un crecimiento anómalo de la glándula festiva, que debe ser tratado con dosis de alcohol y tacones viernes sí, viernes también.
Muse me contagió la hipercondría y Extremoduro puso un "estoy muy bien" de okupa en mi boca.
Manifiesto una compulsión (que no convulsión, esas vienen en otros momentos...) que roza la insensatez cada vez que dejo a mis pensamientos deambular a su libre albedrío.
Pero sobre todo, sufro de razocinio obsesivo y demencia juvenil, y eso ya tiene difícil solución.
Ya no soy la que fui, y lo que pudo ser ya no podría volver a serlo.
Mi cabeza dice no, quiere convencer a mi corazón, él ya no sabe qué decir. De ahí que éste corra, salte, tropiece y se pare de golpe.
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