Que todo se me queda pequeño, salvo Madriz. Ella me sigue viniendo grande, aunque casi prefiero recuperar una de esas palabras que desde mi más tierna infancia he odiado, que para la ocasión se me antoja perfecta: crecedera. Ya no es que sea imposible encontrarte entre tanto coche, es que no quiero tener el (dis)gusto de hacerlo.
Algún día mis sueños serán a la medida de tu hermosura y grandeza, Madriz. Algún día recorreré tus calles y recovecos con la experiencia y seguridad de quien te conoce por tu historia, exprimientaré todo su sabor y vida, carácter propio, tuyo todo Madriz. Gata castiza, estoy orgullosa de ser de aquí.
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